Los gemelos

Noviembre 8, 2006

Antes de leerlo…

Podría decirse que esto es una parodia de la vida del ser humano ante la conciencia de su muerte. Por supuesto, y como todo texto, tiene más de una forma de ser leída… en primer lugar y siendo consecuentes con el lugar en que encontré esta lectura (una iglesia) puede leerse como una exhortación a la fe cristiana, un llamado a creer en Dios así no lo veamos, como un feto no ve a su madre, o a esperar luego de la muerte una vida, “el cielo”… Para quienes vean este texto de esa manera, dependiendo de su fe, pueden considerarlo como otra forma de llamar creyentes y hacerse poderosa la iglesia y bla bla bla…

Yo prefiero verlo desde otro punto de vista… “Así, entre dudas y preguntas, sumidos en profunda angustia, transcurrieron los últimos días de los dos hermanos en el seno materno”. Podemos pasarnos buena parte de nuestra vida angustiados por aquello que viene luego, temiendo por lo que pasará cuando salgamos de acá… o mejor aún, podemos olvidarnos de esa preocupación y vivir mas tiempo de mejor manera, de forma estoica sin olvidar una moral propia que indicará la mejor forma de seguir este camino. El sentido de la vida, desde esta perspectiva, no se centra en aquello que sucederá después, sino en aquello que sucede ya… el sentido de la vida es que podemos soñar despiertos y abrir los brazos a un montón de experiencias, podemos soñar a la vez que cumplimos nuestros sueños y podemos vivir la vida llenándola de pequeñas y gigantes realizaciones dándole ese sentido permanente que nos hace vivir felices… Una realización es cualquier cosa que cause esa felicidad, el cumplimiento de un antojo, un deseo, un anhelo, un proyecto…. De comerse un helado a hacer un doctorado, de ser independiente a ser madre pero ante todo de ser una persona de bien… 
Noviembre 8 de 2006, Salamanca, España
M.C.U.R.

Gemelos

“Dos seres iban juntos de camino hacia la vida y sucedió que, mientras estaban de camino, se pusieron a conversar entre ellos sobre qué era lo que les esperaba cuando llegasen al término de su camino…”

Sucedió que en un seno fueron concebidos gemelos. Pasaron las semanas y los gemelos crecieron. A medida que fueron tomando conciencia, su alegría rebosaba.
-“Dime: ¿no es increíble que vivamos? ¿No es maravilloso estar aquí?

Los gemelos empezaron a descubrir su mundo. Cuando encontraron el cordón que les unía a su madre y a través del cual les llegaba el alimento, exclamaron llenos de gozo:
- “¡Tanto nos ama nuestra madre que comparte su vida con nosotros”
Pasaron las semanas, luego los meses. De repente se dieron cuenta de cuánto habían cambiado.
- “¿Qué significará esto?, – Preguntó uno-.
- Esto significa – respondió el otro- que pronto no cabremos aquí dentro. No podemos quedarnos aquí: naceremos”.
- “En ningún caso quiero verme fuera de aquí, -objetó el primero- yo quiero quedarme siempre aquí”.
- “Reflexiona. No tenemos otra salida, -dijo su hermano-. Acaso haya otra vida después del nacimiento”.
- “¿Cómo puede ser esto? –repuso el primero con energía-.
Sin el cordón de la vida no es posible vivir. Además, otro antes de nosotros han abandonado el seno materno y ninguno de ellos ha vuelto a decirnos que hay una vida tras el nacimiento.
-No, con el nacimiento se acaba todo. Es el final”.
El otro guardó las palabras de su hermano en su corazón y quedó hondamente preocupado. Pensaba:
-“si la concepción acaba con el nacimiento, ¿qué sentido tiene esta vida aquí? No tiene ningún sentido. A lo mejor resulta que ni existe una madre como siempre hemos creído”.
- “si que debe existir –protestaba el primero-. De lo contrario, ya no nos queda nada”.
- ¿Has visto alguna vez a nuestra madre?- preguntó el otro-. A lo mejor solo nos la hemos imaginado. Nos la hemos forjado para podernos explicar mejor nuestra vida aquí”. Así, entre dudas y preguntas, sumidos en profunda angustia, transcurrieron los últimos días de los dos hermanos en el seno materno. Por fin llegó el momento del nacimiento. Cuando los gemelos dejaron su mundo, abrieron los ojos y lanzaron un grito.
Lo que vieron superó sus más atrevidos sueños.

Sueños de Vida, Carta a los enfermos 1999/1p.3