*Estanislao ZuletaConferencia pronunciada en el campamento
de Santo Domingo, Cauca, en el mes de
Mayo de 1989, dirigida a los guerrilleros del
M-19 que se habían establecido allí a la
espera del desarrollo de las negociaciones
del proceso de paz, que condujo finalmente a
su desmovilización y a su integración a la
vida civil.
El dialogo es la exigencia mas importante de nuestra época, pero detrás del dialogo se necesita que haya alguna fuerza. La fuerza no es necesariamente violencia. Un sindicato tiene la posibilidad de parar y por eso es una fuerza. Es muy probable que con trece ilustres pensadores inermes el gobierno no se sentaría a discutir como si lo haría con el M-19 que tiene algún poder.
El dialogo respaldado por las masas tiene fuerza y resulta más decisivo que un poder armado porque no se pueden oponer las armas. En España una vez muerto Franco, el rey decide pasar a una formación democrática y convoca a elecciones, pero se descubre que el franquismo como opinión política solo tenia en ese momento el 2% de los votos, después de cuarenta años de poder y toda la prensa adversa prohibida. El ejercito español tenia todas las armas eficaces y todo el volumen del poder militar concentrado y monopolizado, salvo el grupo dela ETA. Es una buena lección sobre lo que puede ser la eficacia de una dominación armada. ¡NINGUNA!. También el ejercito argentino ha intentado varias veces dar un golpe pero como tiene toda la sociedad en contra no tiene nada que hacer aunque tenga todas las armas y los otros no estén armados. Una fuerza armada puede que no sirva para nada. Para forzar el dialogo se necesita muy frecuentemente tener una fuerza, que no tiene que ser necesariamente una fuerza armada. No hay que creer demasiado en las armas. La capacidad de dominar a una población que repudia a un régimen por completo, y en una forma casi unánime, es ninguna.
Hoy en día el aprendizaje del dialogo es el elemento más importante para la supervivencia de la humanidad. En otra época, hace muchísimos años, la humanidad primitiva se encontró también al borde de perecer porque estaba rodeada de especies que estaban mucho mejor dotadas y tuvo que agruparse en tribus. Y como no es instintivo en nosotros ser gregarios, a diferencia de las hormigas y las abejas que no necesitan inventar idiomas para entenderse entre sí porque disponen de sistemas heredados de señales, la humanidad tuvo que inventar el lenguaje, las instituciones, las leyes, la prohibición del incesto, el estado, porque solo en grupo se podía hacer frente a los desafíos de un medio hostil externo. Ahora, la humanidad tiene que inventar el dialogo para sobrevivir, porque ya no lo amenaza un enemigo externo, sino ella misma con las armas; además va a destruir la naturaleza si no aprende a dialogar y a concretar. Si los estados a nombre de su soberanía se niegan a dialogar y hacen lo que les da la gana, lo que esta en peligro otra vez es la supervivencia de la humanidad.
El dialogo actualmente, en todos los niveles, es una condición de supervivencia. El dialogo tiene que ser en alguna medida racional, es decir, prestarse a la argumentación. Tenemos que estar dispuestos a sustentar por medio de argumentos las propias posiciones y estar dispuestos a oír los argumentos del otro. Si uno no esta dispuesto a eso puede hacer pactos de no agresión, por comodidad, pero no establece un dialogo. Para que exista dialogo efectivo, tenemos que partir de la hipótesis, como principio de un dialogo de que no tenemos toda la verdad. La idea de que el otro está completamente equivocado, o de que yo no tengo nada que aprender en la discusión y me siento a discutir porque las cosas están difíciles y la otra salida sería más peligrosa no es un buen comienzo para el dialogo efectivo.
Tampoco se puede forzar un dialogo. Una característica esencial de una mentalidad democrática en un sentido moderno es que no acepta el pluralismo por la sola razón de que es imposible conseguir la unanimidad, es decir, como un mal menor: puesto que de hecho los hombres piensan distinto, los partidos piensan distinto, los grupos piensan distinto, las gentes tienen diversas opiniones, creencias religiosas y gustos, pues aceptémoslo. Por el contrario, el dialogo impone que la argumentación del otro puede tener aspectos validos, que las diferencias pueden enseñarme, y que por lo tanto es bueno que existan.
Es imposible que nos sometamos a una sola idea sin caer en el terror absoluto. Y por el terror tampoco se puede someter a los hombres a una dominación. Hay dos cosas a las que no se puede obligar a nadie que ya sabía Platón desde la antigüedad: a pensar y a amar. El tirano más terrible, con el aparataje más espantoso, lo puede obligar a uno a arrodillarse, lo puede torturar para que confiese – a veces con éxito – lo puede intimidar para que no salga a la calle, le puede poner toda clase de trabas, lo puede obligar a callar por miedo, pero no lo puede obligar a pensar como piensa él. Mucho menos lo puede obligar a que lo ame, o a que deje de amar lo que ama. El amor y el pensamiento representan el límite infranqueable de la libertad. El fracaso absoluto de cualquier tirano esta exactamente en ese límite donde el hombre piensa, desea y ama.
Aprender a amar la pluralidad es algo verdaderamente difícil. Estamos acostumbrados a creer en nuestra idea como la única verdadera, no cuestionable ni enriquecible; a declarar herejes, revisionistas o cualquier otra cosa al que difiera de nuestra idea; a pensar en términos de buenos y malos; a organizar partidos fanáticos que producen naturalmente, como el hígado produce bilis, sus ortodoxos y sus herejes.
La primera mitad del siglo XX fue una época catastrófica para la humanidad, con los partidos tanto de derecha (Hitler) como de izquierda (Stalin) en el poder, con la verdad absoluta y la seguridad absoluta de la historia en el bolsillo: en la historia triunfara la raza superior o en la historia triunfara la verdad. El que se oponga contra lo que yo estoy diciendo no esta contra mi sino contra la historia, contra la naturaleza de las cosas, contra la verdad, o en otras épocas contra dios.
Ellos no son mas que los voceros de la naturaleza; de la biología, de la historia, de dios. No es lo mismo estar en desacuerdo con un señor que se denomina Stalin que estar en desacuerdo con la historia. Pretender hablar a nombre de la historia universal es una de las formas perversas de la identidad imaginaria: yo, quien les habla, soy la historia universal, o el representante de dios. Si ustedes están en desacuerdo conmigo están en desacuerdo con dios. Esta idea parece muy grotesca pero la desgracia del asunto es que funciona.
La delegación de Irán a las Naciones Unidas en el año de 1984 declaró que ellos no se sentían comprometidos por ningún pacto laico entre hombres que reconociera los derechos humanos, porque solo estaban comprometidos con la ley divina tal como se expresa en el Corán. Y si se acordaba algo que contradijera la ley divina no habría la menor duda de que no estarían de acuerdo con eso. Esa es su concepción sobre los derechos humanos. En el Corán dice, no una sino siete veces, que el mayor deber del musulmán es matar al infiel. Con este tipo de derechos humanos no se puede desde luego hacer ningún gobierno democrático.
Hay que aprender, pues, que la pluralidad es un enriquecimiento y que el dialogo racional es la manera efectiva y real de tratar a los hombres como iguales. En el dialogo racional es donde nosotros aprendemos la noción de igualdad. La igualdad no quiere decir semejanza ni uniformidad. No se trata de negar la existencia de la diferencia de ideales, de deseos, de pensamientos, de gustos, de costumbres. Por el contrario es magnifico que existan las deferencias, pero que no se conviertan en pretexto de una dominación. Solo así tiene sentido la igualdad; que la diferencia no de pie a que unos dominen a los otros.
Ahora bien esa igualdad es la que se produce en el dialogo racional. Cuando uno trata a un hombre como un inferior, no trata de demostrarle sino que lo amenaza, lo intimida o lo obliga; cuando lo trata como un superior no trata de demostrarle tampoco, sino que le suplica o lo seduce. Solo se le demuestra a un igual. El dialogo con argumentos es una escuela de igualdad humana. No se trata de que yo acepte algo porque el otro me puede pegar o disparar, sino porque he comprendido que su argumento es correcto. Eso es otra cosa.