Sobre el amor y el desamor

Abril 28, 2006

Escrito por: Manuela Ochoa 

sobre el amor y el desamor no se me ocurre nada.

un fabricante de mentiras, de historias de cartón, de vida fabulosa,
oxidable y ojos que se funden. gracias charly.

unos objetos que pierden su poesía:

-una fotocopia de mariposa humanizada
-una caja reciclada de celular
-una bendición desmemoriada con hilos de colores encima
-una baratija china con cuerda
-una foto turística de una piedra
-un papel oriental de pescados
-un producto más de la caja de carulla
-una tela verde incomprensible
-unos colores brillantes
-una historieta
-unos fósforos descontextualizados
-unas letras negras en un papel reciclado.

una lista,un inventario, materia, cosas, solo eso.

una memoria des-hecha, unos días, unas noches

un olor comercial, de frasco morado de fedco, de niña rica.

Empezó Karl Kraus un articulo sobre Hitler con la siguiente frase: "Mir
fällt zu Hitler nichts ein."- sobre Hitler no se me ocurre nada-.


Andres dice/2

Abril 27, 2006

El camino de la paz no dista del “gran escape”, el camino de agua que sube del magdalena a las frías tierras donde nacen las esmeraldas.

Lo siguieron hace mucho quienes vinieron a vivir a la selva. Unos, acostumbrados a cursar las aguas construyeron sus casas a orilla de los ríos y se dedicaron a talar árboles, pescar y sembrar plátano, otros, que vinieron de la montaña tras los venados se hicieron sobre las lomas estableciendo cultivos y pastos para el ganado. Así fue que la selva se pobló de palabras, caminos e historias amarillas, blancas y negras.

La gente no paró de llegar por que en sus tierras el fuego ardía con locura y Las guaduas eran lanzas afiladas con la noche.


Andres dice

Abril 23, 2006

Junto al rio, en la cantina del caserío se lee: “el gran escape” y sobre el texto se ve la imagen desleida de un campesino con botas de caucho, sombrero y machete suspendido en el aire, rompiendo sus ataduras.

Si uno camina al occidente por la via que sale a “I” se encuentra con otro letrero “Aqui terminan el placer, el orgullo y la hermosura”, es la tierra santa.

“la violencia ha muerto” es el tercer aviso que usted puede leer justo detras de un ataud en llamas.

De según como se mire todo depende, eso si, siempre con mucha seriedad.


Abril 19, 2006

Hay plagas y horrores del todo inevitables; en lo que libremente elegimos y situamos ante nosotros mismos, todo debería ser, al menos, perfecto y bello. El tiempo y los barbaros me han enseñado esto. No es posible a ningún hombre alcanzar la felicidad. No es posible que ninguna ciudad sea perfectamente bien gobernada, unánime y siempre victoriosa. Pero a algunos de nosotros les es posible poner una daga enjoyada en nuestro cinto, y olvidar siempre muchos males y todos los males de vez en cuando. Es posible elegir muchos deleites absolutos y gustar, antes de morir, algunos momentos de total encanto.  
       Diálogos en el limbo. George Santayana


Pequeña fabulilla*

Abril 18, 2006

Supongamos que hace dos siglos mantuvieran dos personas una discusión amistosa sobre las posibilidades que tenían los hombres de llegar a volar. A uno lo llamaremos Óptimo y al otro Pésimo, según los caracteres que vamos a decidir para ellos. Sus respectivas posturas hubieran sido éstas, resumidas en lo esencial:Óptimo: Los hombres han deseado siempre volar, han sentido desde épocas remotas un impulso irresistible hacia el movimiento libre por las alturas. Lo atestigua la mitología y la protociencia, desde Ícaro a Leonardo Da Vinci. Este impulso hacia lo alto no puede quedar perpetuamente frustrado: si el hombre quiere volar, es porque esta llamado a volar. Llegará un día en que los hombres volarán, desembrazados por fin de la esclavitud de la gravedad que los ata a la superficie terráquea. Y al despegar del barro, despegarán también de cuanto de bajo y sucio en su condición les emparenta con él. Cerca del cielo, de las estrellas, de dios, y su vida será más libre y más hermosa, más desprendida, sutil y fraterna que la nuestra. Apenas podemos imaginar cómo llegarán a ser esos futuros miembros de la humanidad volante, pues poco tendrán que ver con lo que hoy somos nosotros.Pésimo (sonriendo con amarga compasión): ¡ay, amigo mío, como desbarras!  El hombre es evidentemente un cuerpo más pesado que el aire, por lo que nunca podrá ser sostenido por éste. Los hombres han soñado siempre con volar, cierto, pero precisamente porque no puede: el hombre sueña con cuanto no alcanza, con cuanto desmiente su triste e irremediable condición. Investiguemos todo lo que quieras las propiedades de la materia, pero te apuesto cien a uno a que jamás lograremos un método capaz de permitirnos despegar hacia las nubes…Un genio quizás no tan maligno como el supuesto por Descartes pero al menos burlón permite a los dos contertulios volver al mundo doscientos años después. La reacción de Óptimo ante el sensacional despliegue de un gran aeropuerto es de amarga decepción, mientras que en cambio Pésimo se entusiasma.Óptimo: ¡que desengaño! Si, los hombres han conseguido finalmente volar tal como supuse, pero ¡a que precio! Van enlatados en unos cacharros renqueantes, con menor iniciativa y libertad de movimientos que cuando pasean. Sufren accidentes masivos, comen y beben productos infectos y además deben gastarse cantidades considerables de dinero. Están en manos de compañías que no piensan nada más que sus beneficios y en los aeropuertos se les imponen controles policiales que merman su ya de por sí escuálida libertad. En modo alguno, el hecho de volar ha conseguido mejorar su condición psíquica o moral, sino más bien ha potenciado sus ambiciones. ¡Hiroshima, y Dresde son fruto de esta capacidad maravillosa que yo añoraba ver realizada!Pésimo: Vaya, vaya… ¡De modo que por fin lo hemos conseguido! Parece increíble, pero pese a nuestras evidentes limitaciones los hombres tenemos una gama sorprendente de recursos. ¡Que magnifico es esto de volar y cuántas ventajas aporta al comercio, al turismo y a la guerra! Naturalmente los hombres van a seguir siendo ni más ni menos humanos, pues lo intrínseco de su condición es inmodificable, pero han desarrollado una capacidad nueva, con sus riesgos y ventajas. Algunos se beneficiarán más que otros del invento, pero es que de la vida no todo el mundo puede disfrutar por igual, porque ni somos todos identicos ni es deseable que lleguemos todos a serlo. Ya es algo haber logrado esquivar en cierto modo, aunque sea menesterosamente, nuestra condición de terrícolas que ayer parecía inexorable.Y Pésimo se incorporo de inmediato en una escuela par allegar a piloto, mientras que Óptimo encabezo a un grupo de manifestantes ecologistas que se oponían a la construcción de otro aeropuerto en Francfort.

No pretendo decir con esta fabulilla, que todos los pesimistas deben reaccionar de manera tan tónica como Pésimo, pero es evidente que nada en su pensamiento excluye en principio esta actitud y bastante la propicia. El optimista se queja de lo mal que va todo comparado con lo bien que según el podría y debería ir; el pesimista se conforma con que no vaya todo lo mal que temía y se aferra con desesperado entusiasmo a los beneficios parciales de cuya probabilidad dudaba y de cuya fragilidad esta convencido […] No hacerse ilusiones sobre la condición del hombre y los logros que puede alcanzar no es lo mismo que rendirse ante lo inevitable y renunciar a mejoras racionales que no parecen imposibles.

*Fernando Savater


EL PESIMISMO, justo y necesario

Abril 18, 2006

Por: Francisco Paillie 

A mi amiga, la pesimista

  ¿Qué se puede esperar de un día que comienza con levantarse?

Morir habemos…ya lo sabemos

Frases pesimistas. 

La modernidad, aunque no sepamos si sigue vigente o ya acabo, puso como centro y medida de todas las cosas al ser humano y junto con este a la razón. Esta última, se convirtió en el patrón de eliminación de creencias y supersticiones y en la creación de nuevos ideales, formas de acción y de concebir al mundo. Uno de las grandes sufrientes de esta razón es la religión y la eliminación de su valor de verdad; es decir que la modernidad logro separar los planos de la razón y los planos de la creencia, aunque aparentemente solo lo haya logrado a través del discurso y no en la práctica de los hombres.           

Lo anterior genera una serie de implicaciones, y la idea en este escrito no es la de producir la idea del hombre que no cree, sino de la implicación que se genera para el hombre el reconocerse sin un dios o de reconocerse a sí mismo como un dios. Como lo diría Spinoza: “El problema del Hombre-Dios comporta la idea de una humillación inflingida al ser supremo, de un descenso del creador al nivel de la criatura, es decir, de una absorción en la pasividad más pasiva de la actividad más activa”.

La conversión del ser supremo, omnipotente, omnipresente, omnisciente (y todos los otros omni con los que reconocemos a dios o a los dioses, sin importar la religión), etc. en un ser como todos nosotros, invita a la renuncia de reconocer un único y definitivo modelo de salvación; no habrá redención, no habrá fin del mundo, no habrá reconciliación. Del reconocimiento de esta perdida del ser supremo deriva el pesimismo. Pero “quien es capaz de asumir está pérdida (ilusoria, por otra parte, pues nada podemos perder ya que en verdad nada tuvimos salvo un espejismo) sin resentimiento contra los otros ni amargura contra sí mismo, descubrirá con nuevo apego el sentido de la tierra y se gozará en él y trabajará por él” (Savater).

Claro que tendríamos que ponernos de acuerdo sobre el tipo de pesimismo al que nos referimos. Lo primero por tanto es eliminar las opciones de: pesimismo como nihilismo absoluto u ontológico, ya que si bien de este se pueden desprender pesimismos prácticos hay también, pesimismos completamente antinihilistas; pesimismo como el volver al paganismo; el pesimismo como estado de ánimo; el pesimismo como pesimismo relativo ya que este propone una apertura a hacia lo ultra histórico y lo teológico, es decir propone y fantasea soluciones más allá de la realidad en que se vive. Por tanto, el pesimismo al que se alude en este escrito, es el pesimismo absoluto en el que se considera que los ideales humanos (libertad absoluta, felicidad, justicia, paz, etc.) nunca podrán ser conseguidos, ni por un individuo específico ni por una colectividad, de modo plenamente satisfactorio; que el universo no esta organizado ni mucho menos conspirando para satisfacerle; que el dolor, el sufrimiento y la contrariedad son latentes, presentes y abrumadoramente determinantes en la existencia; y que a manera de las Leyes de Murphy  es más probable que todo lo que pudiera salir mal en una situación, saldrá mal que bien y; que la muerte es la única liberación definitiva, aunque temida antes que deseada, de tantas dificultades.

Se quiere decir entonces que el pesimismo del cual hablamos es, no tanto una concepción del mundo sino más bien, una perspectiva práctica. El pesimismo es una disposición fundamentalmente referida a los propósitos y resultados de la acción humana.

Muchos, que en algunos casos como el mío, nos consideramos optimistas vemos a los pesimistas como nuestro enemigo con el cual tenemos que luchar de forma insistente frente a la realidad del mundo. Este tipo de postura, si logramos ver el pesimismo de la forma en que lo presentamos en este escrito, es una calumnia radicalizada en nuestras mentes. Solemos creer que de los pesimistas siempre oímos lo que todo el mundo sabe, que su invectiva no es más que el mismo quejido de siempre, que su inanidad espiritual no aporta nada y desencanta la novedad. Pero esto último en verdad no es así, por el contrario los auténticos pesimistas suelen proveer una, pasmosa, diversidad de matices con los cuales modular el pensamiento. “Se hace patente que la invectiva da inventiva” (Savater).

El optimista (que ya sabemos no es una negación o contradicción del pesimista, ni viceversa) propone una ilusión de futuro que a veces, aunque sea valida, puede llegar a empalagar por su condición de utopía; en cambio el pesimista, demasiado curioso y verosímil, opaco y realista no solo traen noticias, como los anteriores, sino que desmienten la trascendencia de las maravillas insólitas y utópicas a la vez que valoran hasta la alquimia la perfección estilística de su comunicado injurioso.

Por tanto podemos concluir que el pesimismo, tal como fue expuesto en esta corta nota (basado en un ensayo de Fernando Savater: El pesimismo ilustrado), nace con el racionalismo y acompaña en todo momento sus manifestaciones. Y al contrario, de la predicación apocalíptica que muchos le conjuran, este no es completamente incompatible con el afán racional de transformar el contexto y las condiciones sociales y culturales de los seres humanos. Es decir, que en la búsqueda racional el pesimismo puede ser depresivo o tonificante.

El experimento del pesimismo es justo y necesario en el proyecto de la razón ya que aporta una dimensión insustituible no solo a los planteamientos teóricos sino a la sensatez de la razón práctica.


La Inevitable Muerte

Abril 7, 2006

Por Julián Jiménez Restrepo 

La muerte, inevitable, implica en cada ser humano un impacto diferente. Puede generar un sentimiento de angustia, miedo o desesperanza, pero siempre se nos presenta como un fenómeno ajeno, como un hecho a observar, sólo podemos ser testigos de algo que deja de estar. Si pudiéramos experimentarla estaríamos muertos y seria imposible comunicar lo que en realidad sucede, por esto, lo único cierto es que la muerte es un absoluto misterio, pues nadie ha regresado del "más allá" para referírnoslo.
 La muerte, para nosotros siempre será un fenómeno externo, solo sabemos de ella su realidad objetiva; conocemos el aspecto del fin de la vida, de algo que se esfuma, pero ignoramos completamente su esencia, su dinámica, su subjetividad. Con lo único que podemos contar para acercarnos a ella es con lo que se ha denominado "experiencias cercanas a la muerte".
 Estas experiencias por las que pasan algunos individuos no pueden dar certezas sobre lo que en realidad ocurre, pues lo que lo que sucede es eso, viven una experiencia al borde de la muerte, no mueren y vuelven a la vida; eso no es posible, por lo menos desde mi punto de vista. Se está de un lado o del otro, se está vivo o muerto, y aunque es difícil determinar el momento exacto en el que se produce, si aun existe algún tipo de signos vitales, se sigue vivo.
 Al hablar de este tema parece obligado dar cualquier definición a lo que la muerte es, pero no la hay. Solo podemos encontrarnos con este concepto basándonos en la experiencia de la vida; llamamos muerte al fin de nuestros procesos vitales. Es una consecuencia de estar vivos, pues todo nuestro conocimiento nos demuestra que todo cuanto nace, muere.
Por ende, el tener conciencia de esto, implica un protagonismo, un saber que “yo he de morir” forjando en nuestro ser toda clase de sentimientos, pensamientos e intrigas, ya que ignoramos todo lo que ésta significa. Como resultado de esos pensamientos que rondan en la cabeza, surge el temor acerca de un hecho normal en la vida, un irremediable  hecho que nos pasa a todos por ser seres racionales, dotados de conciencia; pero entonces, si se usan estos dotes como los usó Sócrates al afirmar:El temor a la muerte, señores, no es otra cosa que considerarse sabio sin serlo, ya que es creer saber sobre aquello que no se sabe. Quizá la muerte sea la mayor bendición del ser humano, nadie lo sabe, y sin embargo todo el mundo le teme como si supiera con absoluta certeza que es el peor de los males, ¿no podría cambiar nuestra forma de ver la vida y la muerte?
El hombre siempre ha querido saberlo todo; carga con una sed de conocimiento que lo ha llevado al desarrollo de las ciencias para poder dar respuesta a sus preguntas, para acceder a “verdades” de la realidad en la que vive. Las únicas dos certezas irrefutables con las que contamos frente a la muerte son: el saber que es absolutamente cierto que habremos de morir y que es absolutamente incierto cuándo y cómo; esto fundamenta mas el miedo del dejar de ser y no poder saber a que atenerse, ni que esperar.
Así pues, con la muerte no solo se pierde el ser y el estar, también se pierde la individualidad de la que todos gozamos en vida; se pierde todo, ya nada es propio, es por esto que en las diferentes religiones y creencias populares, se cree en un “mas allá”. Es una tendencia inconsciente a imaginar que la vida continúa. No queremos estar obligados a dejar las cosas tal como están, deseamos tener una oportunidad de poder componerlas y que mejor manera que una vida después de ésta, eterna, sin fin, donde las posibilidades de lograrlo también son así.
El hecho de observar la muerte desde lo externo durante millones de años, no nos ha conducido a aceptarla tal como se nos muestra, sino a imaginar otras consecuencias distintas a las que su contemplación sugiere, cosa que creo, ocurre por las creencias religiosas y deidades u otros estados del alma y la materia. Pero bueno eso no es a lo que quiero referirme, mi pregunta va encaminada a ¿Por qué el hombre no acepta la muerte como el final? Sólo se me ocurre pensar que es una defensa contra lo que un final nos genera, una huida de la angustia de perderlo todo, una manera de engañarnos a nosotros mismos y ver la vida con otros ojos.
Mientras pienso en todo esto, y escribo lo que pienso en un papel, solo dejo que la mano escriba lo que la mente dicta, la vida es una carrera contra la muerte, la cual nos da toda una vida de ventaja, pero a la final siempre quedará victoriosa; esta ventaja hay que aprovecharla al máximo para que esta competencia se justifique y aunque la perdamos, que sabemos que será así, nos llene de satisfacción;como diría Rudyard Kipling llenar el inexorable minuto con el valor de los 60 segundos de la distancia final.

La muerte
“Pallida mors aequo pulsat pede
tabernas pauperum regumque turres”.
(La pálida muerte se presenta indistintamente ante las cabañas de los pobres como ante los palacios de los ricos). (Horacio)

De helada onda expansiva precedida,
dueña de la penumbra y de la niebla,
Bajo capuz de terciopelo negro,
cruzó la muerte ayer ante mi puerta,
y un rumor de clepsidras fragmentadas
siguió a su paso huérfano de huellas.
No me llamó, ni me ofreció su abrazo,
desdeñando mi nombre y mi presencia;
tal vez en mi reloj no se ha agotado
la reserva de arena.
Sentí un hondo desprecio
por sus procedimientos, y por ella;
y la escupí al pasar, con el enojo
de quien ni la comprende o la respeta.
Ni justicia la guía, ni venganza,
sin reflexión su calavera hueca,
sin emoción su cavidad torácica,
sólo un azar de irracional violencia.
Ni al súbdito ni al déspota perdona,
ni de mendigo o rico oye la queja,
niño y adulto su castigo sufren,
a viejo y joven por igual condena.
“Sádica muerte, que al enfermo alargas
la vida en el dolor y la tristeza,
y en tu gruta de sombra al fin le acoges,
y en tu río de hielo al fin le anegas,
y en el silencio apagas su gemido,
y de su clan vetusto le desmiembras.
Te desprecio y maldigo,
y te aniquilaría si pudiera”.
En la distancia se volvió a mirarme
desde el fondo vacío de sus cuencas;
vi una risa marchita
en sus mandíbulas amarillentas…
“Volveré”, me gritó. Un escalofrío
neutralizó un momento mis defensas,
pero alzando la voz desafiante,
abrupto respondí: “Ven cuando quieras”.
 
Francisco Álvarez Hidalgo.
Madrid, 11 de abril de 2001


La invitación

Abril 7, 2006

Experimentamos a diario la insatisfacción de vivir en un mundo completamente trágico y doloroso, mejor dicho un mundo real del cual no hemos sido capaces de sacarle, después de siglos y siglos de pensarlo, la verdad sobre lo que venimos a hacer al mundo los seres humanos. Quizas, y lo mas probable, no sera este blog quien nos ilumine sobre esta verdad buscada; estamos totalmente seguros de que no conocemos la verdad absoluta y que no somos los enviados a llevar el recado a ustedes.

La idea original es la de construir un espacio para que, junto con ustedes, le apostemos a la suerte y disfrutemos mientras los dados giran, mejor dicho ser felices. Disfrutar y ser felices mientras transcurre nuestro existir.

La invitación es por tanto a: leer, que a su vez invita a pensar, que a su vez invita a actuar, la acción invita a reflexionar y la reflexión nos invita a crear discursos, los discursos se escriben; cuando un discurso sea escrito la única invitación que nos queda pendiente es la de leer y así el circulo se cierra para repetirse. Puede ser un circulo vicioso, pero de pronto ese es el vicio del homo sapiens por excelencia (solo que el hombre lo ha olvidado) o lo ha dejado de hacer con tanto amor.
Att: Francisco Paillie y Julián Jiménez